La potencia porteña de la Gata.

Canta, garganta con arena, que tu voz tiene la pena que Malena no cantó.

Anuncios

El tango es uno de los ritmos más tradicionales y en simultáneo, más dinámicos de la geografía latinoamericana. Resultado de mestizajes insospechados, nos acompaña en la cruda desde hace más de un siglo, no sin someterse a los nuevos aires que cada tanto tiempo lo vigorizan.

Adriana Varela creció escuchando rock. Fue después de formarse y ejercer como fonoaudióloga que comenzó a cantar éste género como un pasatiempo. Pero tuvo una revelación al ver a Roberto El Polaco Goyeneche cantar en la película Sur (1988) de Pino Solanas. (2:00:34).

El carácter fiero del bandoneón piazzollano junto a la voz desgarrada de El Polaco hicieron mella en Varela que un mes después de ver la película fue a parar en el Café Homero, donde Néstor Marconi, bandoneonista en Sur, la invitó a cantar, con tal suerte, que un Goyeneche aparentemente apático, la escuchó debutar en el tango.

Al terminar de cantar, El Polaco viró y llamó a Varela, que dispuesta a tirarse al Río de la Plata comenzó a pedirle perdón al maestro. Frío, él le dijo que a partir de ese momento ella debía cantar con él donde fuera que se presentase. Por ahí bien dicen que Dios los hace y ellos se juntan.

Así comenzó la carrera milonguera de la gata Varela bajo la tutela de un peso pesado del tango. Una iniciada en ritmos anglo que transportó el sello irreverente del rock a las canciones porteñas. Nada de convencionalismos rígidos sino frescura, fuerza y desenvoltura.

En casi un cuarto de siglo cantando tango ha llegado a trabajar con múltiples figuras de la música en español como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Diego el Cigala y Cacho Castaña. Ha pasado el testigo a una nueva generación de tangueros cada vez más rockeros con su apoyo a agrupaciones como Bajofondo. El tango del milenio suena con voz fiera.

Adriana Varela hace parte de esa lista de contraltos latinoamericanas sorprendentes al nivel de Chavela Vargas y Mercedes Sosa. Cuando canta, canta Buenos Aires, el lunfardo lo declama como lo hacía Tita Merello, y juega con ritmo y melodía para marcar acentos profundos. La Gata es el alma del tango nuevo.